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ENTREVISTA ALICIA CASTILLO HOLLEY
¿Cómo comenzó usted en el mundo de los negocios y cómo llego a ser una empresaria tan importante?
Llegué al camino del emprendimiento por necesidad de independencia y la ambición de hacer algo importante. Crecí en un mundo socialista, con padres intelectuales y en un país rico. Me apasiona la ciencia y fui científica década y media. El paso al mundo de las empresas fue paulatino. Tuve una experiencia maravillosa en una alianza de Bayer y Shell. Allí cambió mi percepción sobre lo que hacen las empresas y lo satisfactorio que puede ser un trabajo en una corporación y el generar empleo. Posteriormente, Babson College me dio una beca y allí entendí lo que era emprendimiento y me di cuenta de lo importante que es tener herramientas y sistemas. Mi formación de científica me preparó para el mejoramiento continuo y el cuestionamiento. Así, mis empresas fueron creadas con un sentido integral que combinaba una formación social y científica con el interés en crear empresas de alto impacto. No me considero tan importante, más bien a medida que envejezco aprendo más y me siento más interesada en aprender otras cosas.
¿Qué le diría a las personas que están comenzando a formar empresas propias?
Depende de la cultura. He vivido en 4 países y cada cultura es diferente. Para los latinos tendría tres comentarios:
- Hay que escoger una industria o mercado que nos apasione y un área de trabajo que nos fascine. Uno de los mejores consejos que recibí fue acerca de escoger mis clientes. Hay clientes que nos llenan de energía y nos motivan a ser mejores, otros nos quitan energía y nos deprimen o frustran. Si uno va a tener su propia empresa, no tiene sentido trabajar con personas que no nos apoyan y a quienes no queremos apoyar.
- Hay que desarrollar la intuición, eso se aprende revisando los éxitos del pasado, y enfocándonos en lo que nos hace sentir bien. Muchas personas nos dicen que debemos hacer esto o eso porque tenemos habilidades. El truco es no pensar en las habilidades naturales sino en lo que nos gusta hacer.
- También hay que aprender de finanzas. Es muy importante darse cuenta de que los ingresos se ASUMEN y los egresos se CONTROLAN, y hay que manejar ese delicado balance. También es necesario manejar datos muy prácticos, como cuántos clientes necesito al día para cubrir gastos, y manejar algunos números.
¿Cuáles son los errores en su vida, y en la vida de sus negocios, que más le enseñaron — o de los que más aprendió?
Aprendí más de mis fracasos que de mis éxitos durante los primeros 10 años como emprendedora, después mis errores fueron disminuyendo y mis éxitos fueron aumentando. Creo que el cambio estuvo en mi capacidad de auto-cuestionarme. La ignorancia no me paraliza, me estimula a investigar.
No ser perfecta no me invalida como persona, no me gusta cometer errores, pero el éxito o el fracaso no son opuestos. Son dos resultados de la acción. Lo opuesto al éxito o al fracaso es la inacción. Estar esperando a que ‘algo pase’ es muy limitante. Si tomamos una acción y no tenemos el resultado que deseamos, podemos tomar otra acción.
En 2005, decidió dedicarse a apoyar empresas de innovación globalmente, y está viendo resultados magníficos. ¿A que atribuye su éxito?
El mundo se achica cada vez más. Mi distancia de Australia, Arabia, Turquía, Chile y Estados Unidos es un botón en mi computadora. Tenemos formatos más traspasables. Hablamos el mismo idioma y estamos cada vez más acostumbrados a conectarnos con personas que no conocemos y ¡a creerles!
Si podemos aprovechar la experiencia de varias personas con mundos diferentes, ¡los resultados son magníficos! También me gusta innovar y romper esquemas. China, India y los países árabes presentan oportunidades increíbles como consumidores. Cambiar el paradigma de comprar de China a vender a China tiene resultados maravillosos.
Mi capacidad de moverme en diferentes culturas, mi pasión por la tecnología y mi experiencia en estrategia y capital de riesgo me han ayudado muchísimo a tomar decisiones rápidamente, pero lo más importante ha sido poder escoger a las personas con quienes me relaciono.
Por Eva R. Marienchild, reseñadora de Tinta Fresca. |