
EXTRACTO DEL PRIMER CAPÍTULO “El símbolo perdido” Todo el misterio del nuevo libro de Dan Brown pronto será revelado. A manera de adelanto, Tinta Fresca te ofrece parte del primer capítulo.
Casa del Templo 20.33 horas El secreto es cómo morir. Desde el principio de los tiempos, el secreto siempre ha sido cómo morir. El iniciado de treinta y cuatro años bajó la mirada hacia la calavera que sostenía en las palmas de sus manos. Era una calavera hueca, como un cuenco, y rellena de un vino rojo sangre. Bébetelo –se dijo a sí mismo–. No tienes nada que temer. Tal y como era tradición, había comenzado este viaje ataviado con la vestimenta ritual de los herejes medievales que conducían al cadalso: la camisa abierta para dejar el pálido pecho al aire, la pernera izquierda del pantalón arremangada hasta la rodilla y la manga derecha hasta el codo. Además de una gruesa soga alrededor del cuello: "el cable de remolque", lo llamaban los hermanos. Esta noche, sin embargo, al igual que los demás hermanos presentes, iba vestido de maestro. Los hermanos que lo rodeaban iban todos ataviados con el atuendo completo: delantal de piel de cordero, banda y guantes blancos. Alrededor de sus cuellos colgaban joyas ceremoniales que brillaban cual ojos fantasmales en la tenue luz. La mayoría de estos hombres ostentaban posiciones de gran poder en la vida real, y sin embargo el iniciado sabía que sus rangos mundanos nada significaban dentro de estas paredes. Aquí todo los hombres eran iguales, hermanos jurados que compartían un lazo místico. Mientras contemplaba la intimidante asamblea, el iniciado se preguntó quién en el mundo exterior se podría imaginar a este grupo de hombres congregado en un mismo lugar…O que lo hicieran en este lugar. La sala se asemejaba a un santuario sagrado de la antigüedad. La verdad, sin embargo, era mucho más extraña. Estoy a sólo unas cuadras de la Casa Blanca. Este colosal edificio, situado en el 1733 de la calle Dieciséis NW de Washington, era una réplica de un templo precristiano: el templo del Rey Mausolo: el mausoleo original… un lugar que se ocupaba al morir. En la entrada principal, dos esfinges de diecisiete toneladas vigilaban las puertas de bronce. El interior era un ornamentado laberinto de cámaras rituales, pasillos, criptas selladas, bibliotecas e incluso un muro hueco en el que se ocultaban los restos de dos seres humanos. Al iniciado le habían contado que todas y cada una de las salas de este edificio escondían un secreto, aunque él sabía que ninguna sala contenía secretos más profundos que la gigantesca cámara en la que ahora estaba arrodillado con una calavera en las palmas de sus manos. [No dejes de leer la continuación, visítanos la próxima semana] Marcela Álvarez, Editora de TintaFresca. |